Miré el edificio independiente que aparecía en el monitor.
En su interior había maquinaria, herramientas, madera de alto valor y varios encargos que debíamos entregar durante las siguientes semanas.
—El taller es un negocio —respondí—. No es una habitación libre.
—Podría montar allí un negocio de muebles —dijo Grant—. Siempre se me ha dado bien trabajar con las manos.
Lo observé a través de la cámara.
Recordaba perfectamente a Grant. El hombre que había llegado a casa de mi madre sin empleo estable y que, de alguna manera, había terminado siendo la razón por la que yo debía abandonar mi dormitorio.
—¿Qué experiencia tienes administrando un negocio de muebles?
Se quedó callado un momento.
—Aprendo rápido.
—¿Y qué capital vas a invertir?
—No he venido a hablar de eso.
—Entonces no vamos a hablar de utilizar mi taller.