Y aprendí que no necesitaba decidirlo de inmediato.
A veces, el progreso no consiste en recuperar lo que existía antes.
Consiste en construir algo distinto, más honesto y más seguro.
Hoy, cuando miro mi casa, todavía recuerdo a la joven de diecinueve años que dormía en una tienda de campaña detrás de un mercadillo.
Me gustaría decirle que todo salió bien.
Que algún día tendría una casa, un negocio y un equipo de personas que confiarían en ella.
Pero, sobre todo, me gustaría decirle que no tenía que ganarse el derecho a ser querida trabajando hasta el agotamiento ni sacrificando sus sueños para que los demás estuvieran cómodos.
Mi madre y mi hermana llegaron a mi puerta convencidas de que todavía podían decidir por mí. Se marcharon comprendiendo que ya no tenían ese poder.