Una paciente quiere que alguien le lea la novela que dejó a medias cuando perdió la vista.
El fondo de Eleanor sigue creciendo».
Cerré el cuaderno.
Miré el cielo.
Y entonces comprendí que, si Eleanor pudiera verme, no estaría orgullosa porque yo hubiera organizado una boda especial ni porque hubiera creado una fundación en su nombre.
Estaría orgullosa porque había aprendido a escuchar.
Porque ya no miraba a una persona enferma y veía únicamente un diagnóstico.
Porque había comprendido que la edad, la enfermedad y la soledad no eliminan el derecho de alguien a desear algo hermoso.
Saqué la fotografía de nuestra boda.
En ella, Eleanor sonreía con los ojos cerrados y la mano levantada para mostrar su anillo.
Parecía feliz.
Muy feliz.
—Espero que estés en paz —susurré.