Durante unas horas, la enfermedad no había sido el centro de su historia.
La había reemplazado una mujer que quería vestirse de blanco y sonreír.
Una mujer que había descubierto que todavía podía recibir una alegría inesperada.
Margaret continuó:
—El fondo que hoy presentamos existe gracias a ella. No pretende borrar el dolor ni ofrecer soluciones mágicas. Su propósito es recordar que una persona sigue teniendo deseos, sueños y dignidad incluso cuando está enferma.
Después me invitó a hablar.
Me levanté.
Durante unos segundos miré a las personas sentadas delante de mí.
No había preparado un discurso.
No quería repetir palabras bonitas que sonaran bien pero no explicaran lo que había aprendido.
Así que conté la verdad.
—Cuando conocí a Eleanor, pensé que mi trabajo consistía en acompañarla mientras se acercaba al final de su vida. Creía que lo único que podía ofrecerle era tiempo, conversación y algo de consuelo.