PARTE 2 / Me casé con una paciente de un hospicio de 70 años para concederle su último deseo — Después del funeral, su abogado me apartó y me susurró una revelación…

 

—¿Qué hizo?

 

Margaret respiró profundamente.

 

—Vendió algunas de sus pertenencias y destinó el dinero a una pequeña fundación. Quería que otras personas que estaban muriendo sin familia pudieran cumplir un deseo antes de marcharse.

 

Me quedé inmóvil.

 

—¿Una fundación?

 

—Sí. La llamó El Último Deseo.

 

Miré de nuevo la fotografía.

 

La joven Eleanor me sonreía desde un pasado que ya no existía.

 

Y comprendí que su historia no había terminado en aquella tumba.

 

Aún tenía algo que hacer.

 

## Capítulo 2. El último deseo de Eleanor

 

La semana siguiente regresé al hospicio.

 

Había pasado muchas noches allí, pero nunca había entrado en el edificio con una sensación semejante.

 

Los pasillos me resultaban familiares. Reconocía el olor del café de la pequeña cocina, las luces cálidas de la sala común y el sonido de los carros que las enfermeras empujaban de una habitación a otra.

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