—¿Y la casa de las rosas?
—Linda vive allí. Susan fue a visitarla. Me estaban ayudando a organizar una reunión familiar.
Me quedé en silencio.
Todo lo que había imaginado durante aquella noche se había derrumbado. No había una amante escondida ni una aventura secreta.
Pero eso no significaba que Robert no me hubiera traicionado.
Había ocultado a una hija durante casi cuatro décadas. Había ocultado una enfermedad mortal. Y había decidido que yo debía descubrirlo todo cuando él estuviera preparado, como si mis sentimientos fueran un detalle que podía organizar en su agenda.
—¿Por qué me pediste que prometiera que no te odiaría? —pregunté.
Robert me tomó la mano.
—Porque tenía miedo de que, cuando supieras la verdad, solo recordaras mis mentiras. Quería que recordaras también al hombre que te ha amado durante treinta y ocho años.