Me abofeteó por su madre y luego se enteró de que yo era el dueño de la mansión.

No hubo una expulsión dramática.

No hubo una escena de policías arrastrando a Daniel por la escalera.

Hubo documentos, plazos, obligaciones y decisiones.

La vida real no siempre castiga a las personas con una gran escena.

A veces, simplemente deja de sostenerlas.

Y eso fue lo que ocurrió aquella tarde.

6. La última petición de Daniel

Un mes después, Daniel solicitó verme una última vez para hablar de nuestro matrimonio.

Acepté una conversación breve en la oficina de Elena, con ella presente.

Cuando entró, ya no llevaba el traje caro que solía usar en las cenas benéficas.

Parecía cansado.

Se sentó frente a mí y juntó las manos.

—He estado pensando mucho —dijo.

No respondí.

—Sé que hice mal.

Esperé.

—No debí golpearte.

Era la primera vez que pronunciaba aquellas palabras sin añadir inmediatamente una excusa.

—No —respondí—. No debiste.

Daniel tragó saliva.

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