PARTE 2: LA VERDAD DEL ABUELO

—Hay algo más —añadió Harris—. Edward dejó una declaración en la que explica por qué modificó su testamento semanas antes de morir.

Arthur frunció el ceño.

—¿Qué declaración?

El detective respondió:

—Edward descubrió que Daniel había solicitado una póliza de seguro de vida utilizando el nombre de Caleb.

Margaret soltó un grito ahogado.

Yo me quedé paralizado.

—¿Mi nombre?

—Sí, Caleb. Y necesitamos protegerte mientras investigamos.

Miré el mensaje de mi padre.

Después recordé mi coche averiado.

El motor que había dejado de funcionar misteriosamente.

La noche que había terminado buscando comida detrás de un restaurante.

Y entonces comprendí algo aterrador.

Quizá mi padre no me había echado de casa simplemente porque había cumplido dieciocho años.

Quizá necesitaba que estuviera solo.

Sin dinero.

Sin protección.

Y sin nadie que pudiera explicar lo que me ocurriera después.

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