Inmadurez.
Egoísmo.
Pero jamás había imaginado que alguien hubiera puesto un precio a su ausencia.
—Doscientos cincuenta mil dólares —susurré.
Michael comenzó a llorar.
—Fue el peor error de mi vida.
Lo observé con una calma que ni siquiera sabía que poseía.
—No, Michael.
Mi voz fue apenas audible.
—Tu peor error fue creer que nuestros hijos valían tan poco.
En ese momento, Daniel y Nathan aparecieron en la puerta.
Habían escuchado las últimas palabras.
Daniel miró el documento.
Nathan observó a su padre.
Y entonces mi hijo mayor hizo una pregunta que dejó a Michael completamente destruido.
—Papá… ¿cuánto dinero recibiste por cada uno de nosotros?
Michael abrió la boca.
No salió ninguna palabra.
Nathan apretó la medalla de oro que colgaba de su cuello.
Después miró a su hermano.
—Ahora entiendo por qué nunca vino.
Daniel asintió lentamente.