—Mamá, ¿les escondiste las cartas de sus hijos?
—No entiendes.
—¡Son mis hermanos!
Aquellas palabras nos dejaron a todos en silencio.
Oliver miró hacia el pasillo por donde Daniel y Nathan habían desaparecido.
—Siempre quise tener hermanos —susurró—. Y resulta que tenía dos todo este tiempo.
Michael se cubrió el rostro.
Por primera vez, pareció comprender que su abandono no solamente había afectado a los gemelos.
También había privado a Oliver de conocer a sus hermanos.
Entonces mi teléfono vibró.
Era un mensaje del doctor Whitmore.
«Señora Hartley, necesitamos hablar urgentemente sobre los proyectos de sus hijos. Hemos encontrado una irregularidad en los registros».
Sentí un escalofrío.
Me disculpé y regresé a la sala del comité.
El director me esperaba junto a una mujer que llevaba una carpeta de documentos.
Su expresión era seria.
—Señora Hartley, antes de confirmar la financiación debemos aclarar algo.