PARTE 2: DESPERTÉ DEL COMA Y DESCUBRÍ QUE MIS PROPIOS PADRES QUERÍAN SILENCIARME… PERO MI TELÉFONO GUARDABA UN SECRETO QUE PODÍA DESTRUIRLOS

Cerré el cajón.

Apagué la luz.

Y me acosté sin miedo a escuchar los pasos de mi padre en el pasillo.

Porque aquella casa ya no era mi mundo entero.

Mi pasado seguía formando parte de mí, pero no era mi destino.

Y si algo aprendí durante aquellos catorce días de oscuridad, fue esto:

La persona que te hace daño puede intentar arrebatarte la voz, pero no tiene derecho a decidir cuándo vuelves a hablar.

Yo había despertado de un coma creyendo que mi madre me protegería.

En cambio, tuve que aprender a protegerme a mí misma.

Y aunque nunca olvidaré el rostro de Teresa cuando me escupió ni la mirada de mi padre cuando intentó recuperar el teléfono, tampoco permitiré que esos recuerdos sean lo único que cuente de mi vida.

Porque mi historia no terminó en aquel garaje.

No terminó en una cama de hospital.

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