PARTE 2: DESPERTÉ DEL COMA Y DESCUBRÍ QUE MIS PROPIOS PADRES QUERÍAN SILENCIARME… PERO MI TELÉFONO GUARDABA UN SECRETO QUE PODÍA DESTRUIRLOS

Mi abogada me explicó mis derechos y me ayudó a prepararme para declarar cuando llegara el momento.

El día de mi primera declaración formal, me puse un vestido azul oscuro.

Era sencillo y cómodo.

No quería parecer fuerte.

Quería sentirme capaz de hablar.

Antes de entrar, Martina me abrazó.

—No tienes que demostrarle nada a tu padre —me dijo—. Solo tienes que contar la verdad.

Asentí.

En la sala, mi padre estaba sentado junto a su abogado.

Cuando me vio, apretó la mandíbula.

Durante años, aquella expresión había bastado para hacerme callar.

Esta vez, no aparté la mirada.

Me preguntaron por la grabación, por la discusión en el garaje y por las lesiones que había sufrido.

Respondí lo mejor que pude.

Cuando no recordaba algo, lo decía.

Cuando estaba segura, lo explicaba.

Y cuando me preguntaron qué quería que ocurriera, guardé silencio durante varios segundos.

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