No intenté llenar los espacios vacíos.
No inventé detalles.
No necesitaba hacerlo.
Las pruebas físicas, los registros del hospital, el vídeo recuperado y los demás elementos de la investigación debían hablar por sí mismos.
Mi testimonio era importante, pero no tenía que cargar con la obligación de recordar cada segundo para merecer justicia.
10. El día en que mi padre tuvo que responder
Cuatro meses después de mi despertar, la policía informó a mi abogada de que se habían presentado cargos relacionados con la agresión, tras reunir pruebas suficientes para llevar el caso ante la justicia.
Las irregularidades financieras se investigaban por separado.
Mi padre se declaró inocente de los cargos que se le imputaban.
Su abogado sostuvo que las lesiones se habían producido durante una discusión y cuestionó algunos aspectos de mi recuerdo.
Yo no estuve presente en todas las diligencias.