PARTE 2: DESPERTÉ DEL COMA Y DESCUBRÍ QUE MIS PROPIOS PADRES QUERÍAN SILENCIARME… PERO MI TELÉFONO GUARDABA UN SECRETO QUE PODÍA DESTRUIRLOS

Decía:

«Mi hija ha empezado a hacer preguntas. Necesito que revisemos los archivos antes de que encuentre las diferencias».

Verónica respondió:

«No voy a falsificar más documentos. Ya te advertí que esto podía terminar mal».

Y mi padre contestó:

«No te estoy pidiendo que falsifiques nada. Solo que mantengas la boca cerrada».

El correo no demostraba quién había cometido cada irregularidad, pero sí indicaba que ambos conocían la existencia de problemas financieros.

La policía siguió investigando.

Mientras tanto, mi abogada me explicó algo que necesitaba escuchar:

—Valeria, no necesitas convertirte en la investigadora de tu propia agresión. Puedes colaborar, pero también puedes descansar. El caso no depende de que tú lo resuelvas todo.

Tenía razón.

Durante semanas, había vivido pendiente de cada documento y cada llamada.

Me aterrorizaba que, si dejaba de buscar, mi padre pudiera escapar de las consecuencias.

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