PARTE 2: EL HONOR DE UNA HEROÍNA

Sentí que el corazón se me encogía.

—Rachel…

Ella tomó mi mano.

—Sé que no puedo borrar lo que dije. Pero quiero empezar a hacerlo mejor.

La observé durante varios segundos.

Finalmente asentí.

—Me quedaré un rato.

Rachel comenzó a llorar.

Y me abrazó.

La celebración continuó de una manera muy distinta a la que todos habían imaginado.

No hubo anuncios humillantes.

Ni comentarios sobre mi uniforme.

Ni miradas de desprecio.

Alexander me presentó a varios invitados que trabajaban en programas humanitarios.

El rey me habló sobre iniciativas para apoyar a militares retirados.

Y mi hermana, por primera vez en mucho tiempo, dejó de intentar demostrar que era superior a alguien.

Simplemente parecía feliz de que estuviéramos juntas.

Sin embargo, aquella noche todavía guardaba una sorpresa.

Mientras me preparaba para marcharme, un hombre de cabello gris se acercó.

Llevaba un traje oscuro y una pequeña insignia diplomática.

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