Mientras tanto, Jake comenzó a llamarme todos los días.
Al principio, sus mensajes eran de preocupación.
Olivia, dime que estás bien.
Después llegaron las disculpas.
Cometí un error. No debí irme.
Y finalmente aparecieron las exigencias.
No puedes mantenerme alejado de mi hijo.
Leí aquel último mensaje varias veces.
Tenía razón en una cosa: Noah necesitaba que sus padres tomaran decisiones pensando en su bienestar.
Pero Jake parecía seguir creyendo que su papel de padre le daba derecho a ignorar lo que me había ocurrido.
No iba a discutir con él por mensajes.
Le respondí una sola vez.
Noah está recibiendo atención médica y está a salvo. Cualquier conversación sobre visitas y responsabilidades se realizará mediante nuestros abogados, teniendo en cuenta la seguridad y el bienestar del bebé.
Después dejé el teléfono sobre la mesa.
Ya no tenía que convencerlo de que mi dolor era real.