PARTE 2: LA ÚLTIMA VOLUNTAD

Cuando regresé al pasillo, encontré a Florence hablando con una mujer de traje gris.

—Alexander —dijo—, ella es Rebecca Shaw, la administradora independiente designada por su abuelo.

La mujer me estrechó la mano.

—Señor Montgomery, necesitábamos hablar con usted desde hace mucho tiempo.

Fruncí el ceño.

—¿Por qué no lo hicieron?

Rebecca abrió su maletín.

—Porque durante años se nos informó que usted había renunciado voluntariamente a cualquier reclamación sobre el fideicomiso.

Sentí que se me helaba la sangre.

—Yo nunca renuncié a nada.

—Eso sospechábamos.

Sacó un documento.

Mi nombre aparecía en la primera página.

Debajo había una firma.

Parecía la mía.

Pero no lo era.

—Este documento fue presentado hace dieciocho meses —explicó Rebecca—. Su autenticidad está siendo investigada.

Lo observé horrorizado.

—¿Quién lo presentó?

Rebecca dudó.

—El despacho de Charles Whitmore.

Sentí que el corazón comenzaba a golpearme violentamente.

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