Los resultados posteriores revelaron que las bebidas no eran simples preparados caseros.
Algunas contenían ingredientes que no figuraban en las etiquetas, y los investigadores encontraron indicios de una posible contaminación o adulteración. Todavía debían determinar qué sustancias habían consumido las niñas, en qué cantidades y durante cuánto tiempo.
Pero Margaret finalmente contó su versión.
Meses antes de mudarse con nosotros, había conocido a una mujer que vendía preparados nutricionales por internet.
Aquella mujer prometía resultados extraordinarios: más energía, mejor apetito y un crecimiento saludable para los niños.
Margaret había comprado varios productos.
Cuando las niñas comenzaron a ganar peso, en lugar de consultar a un pediatra, aumentó las cantidades porque creyó que eso significaba que los preparados estaban funcionando.
Después, cuando aparecieron los dolores de cabeza, el cansancio y las palpitaciones, decidió ocultarlo.