La miré durante unos segundos.
—No puedo borrar lo que pasó —le dije—. Y todavía me duele. Pero espero que tu hijo crezca rodeado de personas que lo quieran de verdad.
Nos despedimos sin abrazarnos. Aún había demasiadas heridas entre nosotras.
Pero, por primera vez, ninguna de las dos estaba fingiendo.
Ricardo, por su parte, no aceptó el resultado con dignidad. Intentó cuestionarlo y exigió nuevas pruebas, que se realizaron siguiendo los procedimientos correspondientes. El resultado volvió a confirmar la misma conclusión.
El hombre que había anunciado ante todos que por fin tendría un heredero tuvo que enfrentarse a una verdad que no podía cambiar con dinero, amenazas ni discursos.
Sin embargo, yo no regresé para verlo caer.
Mi vida ya no giraba alrededor de su orgullo.
## Mi verdadero regalo
Meses después, el divorcio siguió su curso legal.
No voy a decir que todo fue perfecto ni que dejé de sufrir de un día para otro. Diez años no desaparecen en una noche. Hubo recuerdos que me hicieron llorar y momentos en los que me pregunté por qué había soportado tanto.