Porque el problema nunca había sido quién podía darle un hijo.
El problema era el hombre en el que Ricardo se había convertido.
## La confesión que nadie esperaba
Ricardo agarró a Paola del brazo y trató de llevársela fuera del salón.
Ella se soltó.
—¡No vuelvas a tocarme\! —le gritó—. ¡Estoy cansada de tus mentiras\!
Después se volvió hacia los invitados.
—Ricardo me aseguró que estaba a punto de divorciarse de Valeria. Me dijo que su matrimonio llevaba años terminado y que solo seguían viviendo juntos por cuestiones económicas. Yo le creí.
Me miró y bajó la cabeza.
—No espero que me perdones. Sé que te hice daño. Pero hay algo que también necesito aclarar.
Ricardo se quedó inmóvil.
—Paola, no digas nada más —advirtió.
Ella se llevó una mano al vientre.
—No sé con certeza quién es el padre de mi bebé.