CAPÍTULO 2: LAS CUATRO PALABRAS QUE LO CAMBIARON TODO

Harper me entregó la carta.

El papel era grueso, color marfil. No parecía una nota improvisada ni una disculpa escrita a toda prisa. Alguien había elegido cuidadosamente cada detalle.

Abrí el sobre.

Dentro había tres hojas dobladas y una pequeña fotografía.

Lo primero que vi fue la fecha escrita en la parte superior.

Había sido redactada apenas cuatro días antes.

Después comencé a leer.

«Daniel:

Si estás leyendo esto, significa que las chicas han cumplido veintiún años y que has conseguido hacer lo que yo nunca tuve el valor de hacer: mantener a nuestra familia unida.

Sé que no tengo derecho a pedirte nada.

Sé que, durante veintiún años, has tenido que ser padre y madre, y que cada cumpleaños, cada enfermedad y cada logro de nuestras hijas ha ocurrido sin mí.

No voy a fingir que no sé lo que hice.

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