CAPÍTULO 2: LAS CUATRO PALABRAS QUE LO CAMBIARON TODO

Abigail tenía razón.

Las tres habían crecido con preguntas que yo nunca pude responder. ¿Por qué no éramos suficientes para que se quedara? ¿Por qué eligió a otro hombre en lugar de nosotras? ¿Alguna vez se había arrepentido?

Yo siempre les decía lo mismo.

Que su madre había tomado una decisión terrible, pero que esa decisión no tenía nada que ver con el valor de ellas.

Que nunca habían sido una carga.

Que jamás habían tenido que ganarse el amor de nadie.

Y, sobre todo, que no necesitaban a una persona ausente para demostrar que merecían ser amadas.

Pero aquella noche, mientras sostenía el sobre, me di cuenta de algo que llevaba años intentando ignorar.

Yo también tenía preguntas.

Muchas más de las que estaba dispuesto a admitir.

—Vamos a leerla —dije finalmente.

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