CAPÍTULO 2: A LAS SEIS DE LA MAÑANA, TODO EL PUEBLO DESCUBRIÓ EL SECRETO DE MI PADRE

En aquel entonces, todavía vivía a pocos kilómetros de su casa. Lo visitaba algunos domingos, le llevaba comida preparada y le preguntaba si necesitaba ayuda con algo.

Siempre respondía que no.

Yo pensaba que se había acostumbrado a vivir solo después de la muerte de mamá.

Jamás imaginé que, mientras yo creía que sus días transcurrían entre la televisión, el jardín y las reparaciones de la casa, él había construido silenciosamente una red de ayuda para todo el pueblo.

—¿Y todo esto lo paga él? —preguntó el inspector.

Margaret asintió.

—Las semillas, la mayor parte de las herramientas y buena parte del agua. Algunos vecinos colaboramos con donaciones y materiales, pero Erik nunca nos exige nada.

Después añadió algo que me hizo mirarla con atención.

—El invierno pasado, cuando la familia Miller perdió sus ingresos, él les llevaba una caja de verduras cada semana. No quería que nadie supiera que estaban pasando dificultades.

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