Capítulo 2: El secreto bajo nuestra cama

¿Había sido sincero entonces?

¿O incluso aquellos momentos formaban parte de una mentira cuidadosamente construida?

—Gracias —respondí.

Ashton se sentó frente a mí.

—He estado pensando en lo de esta tarde.

Esperé.

—No debería haber levantado la voz. Estoy bajo mucha presión en el trabajo y a veces pierdo la paciencia.

Su disculpa sonaba razonable. Casi convincente.

—Lo entiendo —dije.

—Pero necesito que confíes en mí, Sutton. Hemos pasado por muchas cosas juntos. No quiero que permitas que el estrés o tus preocupaciones arruinen lo que tenemos.

Bajé la mirada hacia mi plato.

—Yo tampoco.

Él me tomó de la mano.

—Mañana vendrá una persona a ayudarnos con los documentos. Solo tendremos que resolver unas cuantas formalidades y después podremos olvidarnos de todo este asunto.

Mi corazón comenzó a latir más deprisa.

—¿Mañana? ¿A qué hora?

—A las diez de la mañana.

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