«Mi nombre es Vanessa Reed. Fui la mujer que escuchaste hablando con Ashton. Sé que no merezco tu confianza, pero hay cosas que no puedo seguir ocultando».
Vanessa.
La mujer de las transferencias bancarias. La mujer que había estado con Ashton durante meses. La mujer que, según sus propias palabras, también había estado en aquel automóvil.
Mis dedos temblaron mientras escribía.
—¿Estabas conmigo cuando tuve el accidente?
Esta vez tardó varios minutos en responder.
Finalmente, apareció un mensaje.
«Sí. Y lo que ocurrió aquella noche fue mucho peor de lo que te imaginas».
Sentí que el estómago se me encogía.
Antes de que pudiera escribir otra pregunta, llegó una segunda notificación.
«No le digas a Ashton que te he contactado. Si descubre que estoy hablando contigo, podría desaparecer antes de que podamos demostrar lo que hizo».
Apagué la pantalla.
No sabía si Vanessa decía la verdad, pero tenía una cosa clara: si quería sobrevivir a aquella situación sin perder mi herencia ni mi libertad, necesitaba dejar de comportarme como la esposa indefensa que Ashton esperaba encontrar.