Pero aquella vez no bajé la cabeza.
Lo miré directamente a los ojos.
—Solo te estoy pidiendo que me expliques qué voy a firmar.
Ashton se quedó observándome durante unos segundos.
Después recogió los documentos.
—Está bien. Si no confías en mí, no hay nada que pueda hacer.
Se dirigió hacia la puerta.
Antes de salir, se detuvo y pronunció una frase que me dejó helada.
—Pero recuerda una cosa, Sutton. Hay recuerdos que pueden destruir una vida entera. A veces es mejor no recuperarlos.
La puerta se cerró.
Me quedé inmóvil, intentando controlar mi respiración.
Ya no tenía dudas.
Ashton sabía que yo estaba recuperando la vista.
Y ahora sabía que también sospechaba del accidente.
Pero todavía ignoraba que yo había escuchado su conversación con Vanessa, que tenía fotografías de sus documentos y que conocía la existencia del informe policial original.