Capítulo 2: El secreto bajo nuestra cama

Pero había algo más.

Un recuerdo incompleto que durante dos años había intentado recuperar sin éxito.

Una voz masculina.

Un olor intenso a colonia.

Y una mano que sujetaba la mía mientras alguien repetía desesperadamente mi nombre.

Siempre había creído que aquella voz pertenecía a Ashton.

Ahora ya no estaba segura.

Me tapé la boca con ambas manos para contener las lágrimas. Seguía arrodillada junto a la cama, rodeada de documentos que jamás debería haber encontrado. Al otro lado de la puerta, mi esposo continuaba hablando con aquella mujer.

—No sabemos cuánto ha recuperado de su visión —dijo Ashton—. Si empieza a ver con claridad, podría descubrir los documentos falsificados.

—Entonces haz que los firme hoy mismo.

—No puedo obligarla a hacerlo sin levantar sospechas.

La mujer soltó una risa amarga.

—¿Sospechas? Ashton, llevas seis meses preparando esto. ¿Vas a echarlo todo a perder ahora?

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