Miré de nuevo la fotografía.
—¿Y David estaba involucrado?
—Tu marido sabía que Daniel había descubierto algo. No puedo asegurarte que participara directamente en aquellas operaciones, pero sí puedo decirte que tuvo acceso a información que nunca reveló a la policía.
Sentí náuseas.
Durante veintidós años había compartido mi vida con un hombre al que creía conocer. Habíamos criado a nuestra hija, comprado una casa y superado juntos momentos difíciles. Y ahora un desconocido me estaba diciendo que quizá una parte fundamental de nuestro matrimonio se había construido sobre una mentira.
—¿Por qué me cuentas esto ahora?
Thomas bajó la voz.
—Porque tu divorcio no fue una casualidad. Hace unos meses, David recibió una amenaza. Le dijeron que, si seguía viviendo contigo, tú terminarías involucrada en algo que podía destruirte.
Me quedé inmóvil.