Pero ya era demasiado tarde.
Escuché el sonido del papel rasgándose.
Después, mi hija pronunció unas palabras que hicieron que Thomas se quedara completamente inmóvil a mi lado.
—Mamá… hay una carta firmada por el abuelo. Dice que, si Daniel sigue vivo, tú eres la única persona que puede revelar quién lo hizo desaparecer.
Y debajo de aquella frase había una segunda línea, escrita con una letra que yo habría reconocido en cualquier lugar: