Que no había hecho nada malo.
Y que pedir ayuda había sido lo correcto.
El día en que Emily volvió a sonreír
Seis meses después, Daniel recibió una invitación.
Sarah y Emily querían agradecer personalmente a los equipos que habían acudido aquella mañana.
Cuando llegó a la casa donde ambas vivían ahora, encontró un pequeño jardín delante de la puerta. Había flores de colores y una bicicleta roja apoyada junto a la pared.
Emily salió corriendo a recibirlo.
—¡Agente Harris!
Daniel se agachó para saludarla.
—Hola, pequeña. ¡Te veo mucho mejor!
—Ya casi no me duele la barriga —respondió ella—. Y ahora duermo toda la noche.
Sarah apareció detrás de su hija. Todavía tenía un aspecto algo frágil, pero había recuperado la sonrisa.
—No sé cómo agradecerle lo que hizo.