Parte 2: El secreto que Salomé había guardado durante tres años

Al otro lado de la línea hubo una pausa.

—¿Qué clase de pruebas?

—Una grabación del presunto asesino describiendo cómo preparó la escena del crimen.

El fiscal dejó de hacer preguntas.

—No permita que nadie toque ese dispositivo. Voy para allá.

El reloj marcaba las ocho y veintisiete.

Quedaban treinta y tres minutos.

Capítulo 3. El hombre que llegó demasiado pronto

A las ocho y treinta y cinco, Mauricio Valdés llegó a la prisión.

Vestía un traje oscuro impecable y llevaba una carpeta bajo el brazo. Saludó a los guardias como si estuviera visitando una oficina cualquiera.

—Vengo a despedirme de mi cuñada —anunció—. Imagino que todavía puedo hacerlo.

El coronel Méndez lo recibió personalmente.

—No estaba previsto que usted viniera.

Mauricio sonrió.

—La familia es importante, coronel. Aunque algunos miembros hayan decidido destruirla.

Méndez lo condujo a una sala de entrevistas.

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