Ramira dejó de respirar por un instante.
Mauricio Valdés era el hermano menor de Esteban. Había sido quien presentó las pruebas más importantes contra ella durante el juicio. También había administrado los negocios familiares después de la muerte de su hermano.
—¿Estás segura de lo que viste? —preguntó Ramira.
—Sí, mamá. Él me vio detrás de la cortina. Me dijo que, si contaba algo, tú también desaparecerías. Dijo que nadie creería a una niña y que yo terminaría en un orfanato.
La pequeña comenzó a llorar por primera vez desde que había llegado a la prisión.
—Tenía miedo, mamá. Muchísimo miedo. Después, el tío Mauricio me llevó a vivir con él. Me decía que tú eras mala y que habías matado a papá. Pero yo sabía que mentía.