Ramira no regresó inmediatamente a la antigua casa familiar. La propiedad había quedado atrapada en disputas legales y parte de los bienes estaban vinculados a la investigación.
En lugar de dedicar cada día a pensar en lo que había perdido, decidió buscar trabajo y construir una vida independiente.
Encontró empleo en una pequeña biblioteca comunitaria, donde ayudaba a organizar libros y atendía a niños después de la escuela.
Salomé comenzó a estudiar música y recuperó poco a poco la alegría que había perdido.
El coronel Méndez las visitaba de vez en cuando. Nunca pidió reconocimiento por lo que había hecho.
Una tarde, Ramira le preguntó por qué había decidido escucharla cuando tantos otros habían dado por cerrado el caso.
El anciano tardó en responder.
—Porque durante cinco años leí su expediente y siempre encontré respuestas para explicar las pruebas, pero nunca conseguí explicar su mirada.