Pero dile que, cuando llegó el momento de elegir entre protegerse a sí mismo o ayudar a otros, intentó hacer lo correcto.
Y, por favor, Hannah, no permitas que el odio te robe el futuro.
Si alguna vez encuentras el valor para regresar a casa, recuerda que tu padre también fue un hombre asustado, aunque eso no justifique lo que pueda hacer.
Espero que algún día todos podamos aprender a decir la verdad sin destruirnos unos a otros.
Te amo.
Daniel».
No pude continuar leyendo.
Apreté la carta contra mi pecho y rompí a llorar.
Había pasado diez años intentando imaginar qué habría dicho Daniel si hubiera podido conocer a Owen.
Ahora tenía una respuesta.
No me pedía venganza.
No me pedía que olvidara.
Me pedía que no permitiera que el dolor se convirtiera en la única herencia de nuestro hijo.