Correos electrónicos.
Fotografías de las máquinas.
Y una grabación de audio fechada tres días antes del accidente.
—¿Qué es eso? —preguntó mi madre.
—Una copia de la última conversación que Daniel tuvo con el responsable de seguridad.
Presioné el botón de reproducción.
Primero se escuchó un ruido de fondo. Después apareció la voz de Daniel.
«No podemos seguir ocultándolo. El sistema está dañado y los trabajadores están en peligro. Si no detenemos la producción, puede ocurrir una tragedia».
Una segunda voz respondió:
«Si detienes la línea, perderemos el contrato. No tienes autorización para tomar esa decisión».
Daniel insistió:
«Tengo la obligación de informar de un riesgo grave».
Entonces se escuchó un golpe sobre una mesa.
La segunda voz habló más bajo.
«Si entregas esos documentos, no solo perderás tu empleo. Vas a destruir a personas que no tienen nada que ver con esto».