—No puede ser —murmuré.
—Quiero creer que existe una explicación —dijo Daniel—. Por eso todavía no he entregado los documentos.
Esa noche me prometió que no acusaría a nadie sin tener pruebas suficientes.
Me pidió que, si algo llegaba a sucederle, guardara la carpeta azul y buscara a una periodista llamada Margaret Ellis.
Yo me reí nerviosamente.
—¿Por qué hablas como si fueras a desaparecer?
Daniel me tomó las manos.
—Porque hay personas que prefieren proteger su dinero antes que reconocer sus errores.
No sabía que aquella sería una de las últimas conversaciones tranquilas que tendríamos.
## La noticia que cambió nuestras vidas
Dos meses después descubrí que estaba embarazada.
Daniel fue la primera persona a quien se lo conté.
Me abrazó con tanta fuerza que terminé riéndome y llorando al mismo tiempo.
—Vamos a tener un bebé —susurró—. Y voy a hacer todo lo posible para que tenga una vida mejor que la nuestra.