Abrí el sobre con manos temblorosas.
Dentro había una carta.
“Mi querida Mariana:
Si estás leyendo estas palabras, significa que ya no estoy contigo.
Perdóname por no haberte contado antes toda la verdad.
Durante años observé cómo sacrificabas tus sueños para sostener una familia en la que nadie parecía reconocer tu esfuerzo.
Vi cómo Alejandro te hablaba.
Vi cómo te hacía sentir pequeña.
Y también vi algo que nunca dejaste de tener: un corazón generoso.
Pero hay una verdad que debes conocer.
La mansión donde has vivido no fue comprada por Alejandro.
La compré yo.
Y no lo hice por él.
Lo hice por ti.”
Las lágrimas comenzaron a caer sobre el papel.
Continué leyendo.
“Recuerdo el día en que me contaste que estabas embarazada de Mateo.
Tenías miedo.
Alejandro había perdido una inversión importante y te preocupaba quedarte sin hogar.