CORRÍ A CASA CON MIS DOS HIJOS PARA CONTARLE A MI ESPOSO QUE HABÍA HEREDADO 480 MILLONES DE PESOS… ¡PERO LO ENCONTRÉ CON SU AMANTE ECHÁNDONOS A LA CALLE!

—Alejandro, tú me dijiste que eras el dueño.

Mi esposo cerró los ojos.

Y entonces comprendí que su amante también había sido engañada.

Pero todavía faltaba lo peor.


—Mamá, ¿ya podemos entrar? —preguntó Sofía con voz temblorosa.

Miré a mi pequeña hija.

Tenía los ojos llenos de lágrimas.

Mateo intentaba parecer valiente, pero sus manos temblaban.

Aquella imagen me dolió más que cualquier traición.

Me arrodillé frente a ellos.

—Escúchenme bien, mis amores. Nadie va a quitarnos nuestro hogar. ¿Entendido?

Sofía me abrazó con fuerza.

—¿Entonces papá ya no nos quiere?

Sentí que se me rompía el alma.

¿Cómo podía explicarle a una niña de ocho años que el hombre que debía protegerla había elegido humillarnos frente a una desconocida?

—Tu papá y yo tenemos problemas que resolver —respondí suavemente—. Pero ustedes no hicieron nada malo. Y yo siempre voy a estar aquí.

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