Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Tengo miedo, Clara. Mucho miedo. No quería que me vierais como un hombre que se está apagando. Quería demostrar que todavía podía hacer algo por mí mismo.
Mi madre se quedó mirándolo.
Durante años, había visto a su padre como una persona invencible. Era el hombre que arreglaba todo, que nunca se quejaba y que siempre encontraba una solución.
Ahora lo veía temblar junto al arroyo, incapaz de ocultar su desesperación.
Y entonces sucedió algo que nunca olvidaré.
Mi madre cayó de rodillas sobre la hierba y rompió a llorar.
No por lo que había imaginado al encontrarnos allí.
Sino porque comprendió que su padre llevaba meses enfrentándose al miedo de morir sin haber encontrado el valor de hablar con su familia.
—Papá —susurró—, no tienes que demostrar que eres fuerte todo el tiempo.