Abigail se quedó inmóvil.
—Eso es imposible. Nunca se lo conté.
Naomi bajó la mirada.
—No dijo que usted se lo hubiera contado. Dijo que esperaba que la noticia fuera cierta.
Samuel intervino.
—¿Tiene alguna prueba de esa conversación?
—No de toda la conversación —admitió Naomi—. Pero tengo documentos que deberían revisar.
Abrió la carpeta.
Dentro había copias de facturas médicas.
Abigail reconoció inmediatamente algunas cantidades.
Doce mil dólares.
Ocho mil quinientos.
Seis mil trescientos.
Eran los pagos que había realizado durante los últimos meses.
Naomi señaló una columna.
—Estas facturas aparecen registradas como pagadas por usted.
—Sí —respondió Abigail—. Vendí casi todo lo que tenía.
Naomi asintió.
—Pero varias corresponden a servicios que nunca se realizaron.
El silencio llenó la oficina.
Abigail sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
—¿Qué?
Naomi mostró otro documento.
—Encontré cargos duplicados por estudios de laboratorio, consultas especializadas y medicamentos.