PARTE 2: LA FORTUNA DE LAS MENTIRAS

Con una firma que no recordaba haber escrito.

Se quedó mirando la pantalla mientras una terrible sospecha tomaba forma.

Quizá Spencer no había comenzado a mentirle cuando enfermó.

Quizá la enfermedad había sido solamente la oportunidad perfecta para poner en marcha un plan que llevaba casi un año preparándose.

Entonces alguien llamó a la puerta.

Tres golpes lentos.

Abigail apagó la luz de la cocina.

Se acercó silenciosamente a la ventana.

En el porche estaba Vanessa.

Llorando.

Con un sobre grueso entre las manos.

Y cuando Abigail abrió apenas la puerta, la joven pronunció unas palabras que le helaron la sangre.

—Señora Riley, Spencer no es quien dirige todo esto.

Abigail la miró fijamente.

—¿Entonces quién?

Vanessa comenzó a temblar.

—La persona que organizó las facturas falsas también tiene acceso a los expedientes médicos. Y cuando Spencer quiso retirarse, le dijeron que ya era demasiado tarde.

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