—¿Qué ocurre, mamá?
—Un hombre vino al hospital preguntando por ti.
Me incorporé bruscamente.
—¿Qué hombre?
—Dijo llamarse Rocco.
La sangre se me heló.
—¿Te hizo algo?
—No. Pero dejó una nota.
—¿Qué decía?
Mi madre comenzó a llorar.
—Que las deudas nunca desaparecen. Solo cambian de dueño.
Colgué y salí corriendo de la habitación.
Encontré a Carmine en su despacho, acompañado por dos hombres.
—¡Rocco estuvo en el hospital de mi madre!
Su expresión cambió inmediatamente.
—¿Cuándo?
—Hace menos de una hora.
Carmine tomó su teléfono.
—Marcus, confirma dónde está Rocco y avisa a seguridad del hospital. Quiero saber si la señora Bennett está protegida.
Después se volvió hacia mí.
—¿Tu madre está bien?
Asentí, temblando.
—Pero no entiendo cómo pudo encontrarla.
Carmine permaneció inmóvil.
—Yo tampoco.
Uno de sus hombres, Dante, intervino.
—Jefe, revisamos los archivos de personal. Rocco no tenía autorización para acceder a la información familiar de los empleados.