—¿Es cierto que te casaste con mi papá ayer?
—Sí, cariño.
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
—Entonces… ¿ya no va a venir a verme?
Sentí que algo se rompía dentro de mí.
Me arrodillé frente a ella.
—¿Por qué piensas eso?
Lucía abrazó su muñeca.
—Porque mi mamá se fue y nunca volvió. Y mi papá dijo que cuando se casara iba a empezar una vida nueva.
Aquella frase me atravesó el pecho.
¿Ian había prometido empezar una vida nueva abandonando a su propia hija?
Antes de que pudiera responder, la niña sacó un papel doblado del bolsillo de su pijama.
—Te hice esto para tu boda.
Era un dibujo.
Una mujer con vestido blanco, un hombre de traje negro y una niña tomada de sus manos.
Encima había escrito:
«Nuestra familia».
No pude contener las lágrimas.
—Es precioso, Lucía.