La doctora permaneció callada.
Finalmente respondió:
—Porque Ian ha sido la única figura paterna estable que ha tenido.
Aquellas palabras no eran una respuesta completa.
—¿Es su hija biológica?
—Eso debe aclarárselo él.
Entonces escuché una vocecita desde el pasillo.
—¿Valeria?
Me giré.
Una niña delgada, con pijama rosa y una muñeca de trapo entre los brazos, estaba parada junto a una enfermera.
Tenía el mismo cabello oscuro de Ian.
Los mismos ojos profundos.
La misma manera de inclinar ligeramente la cabeza cuando observaba a alguien.
Sentí que las piernas me fallaban.
—¿Tú eres Lucía?
La pequeña sonrió tímidamente.
—Sí. Te conozco por las fotos.
Me quedé sin palabras.
—¿Qué fotos?
—Las que tiene mi papá en su teléfono. Tú eres muy bonita.
La enfermera se acercó para acompañarla, pero Lucía levantó la mano.
—¿Puedo preguntarle algo?
Asentí.
La niña me miró con una seriedad que no correspondía a su edad.