Revisé la hoja.
Era un documento del Hospital Santa Elena, fechado apenas dos días antes.
Nombre de la paciente: Lucía Salcedo.
Edad: seis años.
Contacto responsable: Ian Salcedo.
En la parte inferior había una anotación:
«Procedimiento programado para el lunes. Se requiere autorización del tutor legal».
Me quedé paralizada.
Ian y yo llevábamos cuatro años juntos.
La niña tenía seis.
Eso significaba que existía antes de que nos conociéramos.
Pero ¿por qué me había ocultado su existencia?
¿Quién era su madre?
¿Y por qué aquella niña sabía mi nombre?
Miré a Ian dormido.
Por primera vez, el hombre que conocía mejor que nadie parecía un completo extraño.
Tomé mi celular, salí al pasillo y marqué el número del hospital.
Cuando la mujer respondió y me pidió que fuera inmediatamente, supe que no podía esperar a que mi esposo despertara.