Y en lugar de abordar un avión rumbo a Grecia, nos quedamos en el hospital, sentados frente a la habitación de una niña que había dibujado una familia sin saber que estaba a punto de cambiar nuestras vidas.
CAPÍTULO 5: EL VERDADERO SIGNIFICADO DE NUESTRA BODA
El lunes llegó demasiado rápido.
A las seis de la mañana, Lucía estaba preparada para entrar al quirófano.
Llevaba su muñeca de trapo y el dibujo que me había regalado.
Ian no había dormido.
Yo tampoco.
La pequeña nos miró desde su cama.
—Papá, ¿me va a doler?
Ian le acarició el cabello.
—Los doctores van a cuidarte mucho, princesa.
Lucía volvió la cabeza hacia mí.
—Valeria, ¿tú también vas a estar aquí cuando despierte?
Sentí un nudo en la garganta.
—Sí, cariño. Voy a esperarte.
La niña sonrió.