Pero lo que todavía no sabía era que aquella llamada me llevaría hasta una niña de seis años… y a una verdad que pondría nuestro matrimonio a prueba antes de cumplir siquiera veinticuatro horas.
Me llamo Valeria Montes, tengo treinta y un años y vivo en la Ciudad de México.
Hasta aquella mañana, estaba convencida de ser la mujer más afortunada del mundo.
Conocí a Ian Salcedo cuatro años atrás, durante una conferencia empresarial en Polanco. Yo trabajaba como diseñadora de interiores y él dirigía una compañía de tecnología médica.
Ian era diferente de todos los hombres que había conocido.
Nunca me hacía adivinar lo que sentía. Nunca desaparecía durante días. Nunca me daba motivos para desconfiar.
Desde el principio me dijo:
—Valeria, si algún día tenemos un problema, lo hablamos. No quiero una relación llena de mentiras.