En tres meses, quince niñeras fueron despedidas de la casa del multimillonario, porque sus trillizos de cinco años convertían la vida del servicio en una auténtica pesadilla.

Lucas sonrió orgullosamente.

Pero Mary añadió:

—Y creo que quizá están cansados de que todos se marchen.

La sonrisa desapareció.

Ethan bajó la mirada.

Oliver empezó a retorcer la manga de su camiseta.

Daniel se quedó inmóvil.

Entonces el menor de los trillizos dijo algo que hizo que su padre olvidara por completo la reunión de negocios.

—Si conseguimos que todas se vayan, quizá papá vuelva a quedarse en casa.

Mary no respondió inmediatamente.

Miró a los tres niños, uno por uno.

—¿Eso es lo que quieren?

Lucas apretó los labios.

Ethan asintió lentamente.

Oliver comenzó a llorar.

Y entonces los tres hablaron casi al mismo tiempo.

—Desde que mamá murió, papá nunca está con nosotros.

—Siempre está trabajando.

—Y cuando está en casa, está cansado y nos dice que nos portemos bien.

Daniel sintió que le faltaba el aire.

Su esposa, Catherine, había muerto dos años antes, después de una enfermedad que había avanzado mucho más rápido de lo que cualquiera esperaba.

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