Oliver le tomó la mano.
—¿Y vas a quedarte con nosotros?
Daniel besó la frente de cada uno.
—Voy a hacer todo lo que esté en mis manos para estar presente. Y si alguna vez vuelvo a equivocarme, podéis decírmelo. No tenéis que haceros daño ni hacer daño a nadie para llamar mi atención.
Aquella noche, los tres se durmieron abrazados a él.
Daniel permaneció sentado junto a sus camas hasta que se quedó dormido también.
Por primera vez en dos años, no quiso escapar de su tristeza refugiándose en el trabajo.
Quiso quedarse.
Seis meses después
La mansión cambió poco a poco.
No de la forma en que Daniel había imaginado cuando contrataba a nuevas niñeras, aumentando sus salarios y esperando que alguna lograra controlar a los niños.
Cambió porque él también empezó a hacer las cosas de otra manera.