Estaría sostenido por nuestras decisiones, nuestra voluntad de cambiar y la confianza que habíamos aprendido a construir el uno con el otro.
Afuera, la nieve comenzó a derretirse bajo los primeros rayos del sol.
La ciudad despertaba lentamente.
Y, mientras la luz dorada iluminaba las paredes de la mansión Hale, supe que aquella casa ya nunca volvería a ser la misma.
Porque, después de tantos años de oscuridad, por fin habíamos aprendido a dejar entrar la luz.
Y esa luz permanecería con nosotros para siempre.
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